Los Otoños de Economía en el Retiro: este domingo, José Manuel Naredo y “Economia y medio ambiente”

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Buenas noches, compis

Os enviamos la convocatoria de esta semana de “Los Otoños de Economía en el Retiro”, que será este domingo a las 16:00 horas frente al Palacio de Cristal del Retiro. Como veréis, esta semana contaremos con José Manuel Naredo, una eminencia en materia de Economía y medio ambiente.
Esperamos poder veros a todos y a todas allí.

Un abrazo

http://madrid.tomalaplaza.net/2011/09/22/los-otonos-de-economia-en-el-retiro-este-domingo-economia-y-medio-ambiente-a-cargo-de-jose-manuel-naredo/

El Grupo de Trabajo de Economía celebrará este domingo su primer foro de “Los Otoños de Economía en el Retiro”, sucesor de “Los Veranos de Economía en el Retiro”, que, a partir de ahora, y por consenso de todas las personas asistentes, se celebrará a las 16:00 horas.

Para inaugurar este evento contaremos con José Manuel Naredo, que hablará sobre “Economía y medio ambiente” y que, como apoyo para su intervención, nos ha enviado un texto que publicamos a continuación:

 

La economía y su “medio ambiente”

José Manuel Naredo

                Suele olvidarse que si un determinado enfoque ilumina o subraya determinados aspectos de la realidad, por fuerza soslaya otros que deja inestudiados. De ahí que los enfoques pretendidamente científicos ejerzan también una función encubridora que, en ocasiones, cobra especial importancia a la vez que decaen sus capacidades de predicción y análisis, quedando sus pretensiones racionalizadoras reducidas a enunciar coartadas formales que den soporte a dicha función encubridora y/o apologética del statu quo. Tal es el caso de esa pieza clave de la ideología dominante que es la ideología económica, que tiene la peculiaridad de presentarse con ropajes científicos, apoyándose en razones parcelarias que encubren la sinrazón global de sus mensajes e interpretaciones.

 

Hay que tener presente que tanto la idea de economía como aquellas otras de naturaleza y/o de medio ambiente son creaciones de la mente humana y que, por lo tanto, su intersección o su tangencia o disyunción dependen del ámbito que atribuyamos a cada una de ellas. Así, la “economía de la naturaleza” del siglo XVIII partía de considerar la fusión de ambos conjuntos. Sin embargo, la “economía clásica” del siglo XIX limitó ya su intersección a la noción de tierra como factor de producción, a la vez que la “neoclásica” de finales de ese siglo y principios del XX, la hizo derivar hacia la tangencia e inconexión de dichos conjuntos, al cerrar su razonamiento en el mero campo de los valores monetarios, considerando el capital como factor limitativo último y presuponiendo que todos los recursos naturales podían sustituirse por capital sin coste adicional alguno. Desde entonces la idea de sistema económico ha venido girando en el universo homogéneo y autosuficiente del valor monetario e, incluso, a adquirir su expresión cifrada en los actuales Sistemas de Cuentas Nacionales que constituyen, hoy por hoy, el marco común en el que acostumbra a oficiar el razonamiento agregado de los economistas.

 

Esta configuración de la idea de sistema económico genera, así, un “medio ambiente” físico inestudiado, plagado de recursos naturales, antes de que sean valorados, y de residuos artificiales, que por definición carecen de valor. Es el que se conoce normalmente como el medio ambiente y se habla de él como si de algo objetivo y con fronteras bien definidas se tratara, llegando incluso a hablar de ciencias ambientales. Se olvida que no cabe definir un medio ambiente sin decir respecto a qué lo es y que lo que se entiende por medio ambiente no encuentra definición propia, ya que es el simple fruto de la cortedad de miras del enfoque económico ordinario que, al circunscribir su razonamiento al campo de lo apropiable y valorable, de lo que tiene precio, deja de lado el universo de lo que los manuales de economía llamaban “bienes libres” o “no económicos”.

 

Pero la problemática salud del planeta Tierra hizo que, en los últimos tiempos, las preocupaciones por la conservacióntrascendieran de los planteamientos éticos o estéticos originarios, para introducirse en el pragmatismo de la gestión económica, advirtiendo que capital y recursos naturales eran más bien complementarios que sustitutivos. De esta manera, el afán de conectar de nuevo economía y naturaleza (y/o medio ambiente), planteó la necesidad de redefinir las fronteras de ambos conjuntos. Lo que solo cabe hacer de modo operativo revisando el aparato conceptual que las había originado.

 

Cuando un medio ambiente inestudiado escapa a la red analítica de un determinado enfoque caben dos posibilidades: una, estirar la red de ese mismo enfoque para tratar de alcanzar con ella piezas del  medio ambiente que escapaba a su control, y la otra, recurrir a redes analíticas diferentes que se estiman más apropiadas para estudiarlo. Ambas opciones se han venido desarrollando en el caso de la economía.

 

Uno es el enfoque de la llamada economía ambiental, que adopta el primero de los caminos indicados tratando por todos los medios de extender la vara de medir del dinero sobre los “bienes ambientales” (a base de imputar precios o simular mercados donde no los hay) para, una vez llevados al redil de los valores monetarios, aplicarles el razonamiento coste-beneficio habitual. Este proceder considera la naturaleza como un medio ambiente del enfoque económico ordinario y extiende reduccionismo monetario propio a los problemas de gestión de la naturaleza, considerados como externalidadesa valorar para reconducirlos al terreno de la teoría económica corriente, que razona en términos de precios, costes y beneficios reales o simulados. Esta línea de trabajo ha tenido fácil acogida en los medios académicos, porque aunque incluya el cálculo de externalidades, lo hace razonando en el mismo universo aislado de valor en el que se venían desenvolviendo los economistas, con sus consiguientes “optimos” y “equilibrios”, que se plasma a escala agregada en la idea usual de sistema económico que enseñan los manuales. El imperialismo de esta idea trata de someter a sus enfoques el medio ambiente inestudiado que ella misma genera, desarrollando sin pudor alguno una economía ambiental. La ceguera crítica es tal que ha pasado desapercibida la contradicción in terminis que supone hacer una economía del medio ambiente: es como si Aristóteles, tras reconocer que hay una metafísica que escapa al campo de estudio de la física, se empeñara en hacer una física de la metafísica.

 

El otro punto de vista es el de la llamada economía ecológica, que estudia la gestión de la naturaleza recurriendo a otras redes analíticas que se estima más adecuadas para ello, adoptando enfoques abiertos y transdisciplinares. Utiliza, por ejemplo, los enfoques de esa economía de la naturaleza que es la ecología o de esa economía de la física que es la termodinámica. Para ellos la naturaleza o el mundo físico y biológico, que incluye a la especia humana, no es ningún medio ambiente, sino su propio objeto de estudio, cuyo funcionamiento analizan y tratan de sistematizar, con independencia de que tenga o no precios y sea objeto de comercio. En suma, que este enfoque  trata a la economíacomo un subsistema dentro de esa versión agregada de la naturaleza que es la biosfera, relativizando la generalidad de las construcciones económicas habituales que permanecían desvinculadas de ésta. Amplía el objeto de estudio de la economía más allá del campo del valor, para analizar la existencia física de los objetos económicos antes de que hubieran sido valorados (cuando estaban en forma de recursos) y después de que haber perdido su valor (cuando adoptan la forma de residuos). Razona así sobre nociones de sistema abierto y sobre enfoques multidimensionales que inducen a la transdisciplinaridad. Se ocupa, en suma, de conectar la idea usual de sistema económico con los sistemas en los que se mueven los elementos que componen la biosfera en su interacción con las sociedades humanas.

 

Junto a estos dos enfoques existe otro que también contribuye a relativizar las desmesuradas pretensiones de objetividad de la economía estándar, con su supuesta “mano invisible” que transmuta vicios privados en bienes públicos. Es el de la llamada economía institucional que empieza por advertir que la idea abstracta de mercado siempre ha de tomar cuerpo sobre un marco institucional y unos derechos de propiedad concretos que condicionarán su extensión y sus resultados en precios, costes, cantidades intercambiadas, recursos naturales utilizados y residuos emitidos. Y viendo que el mercado puede ofrecer tantas soluciones como marcos institucionales se le impongan, esta corriente institucionalista trata de identificar aquellos marcos cuyas soluciones se adaptan mejor a las características del entorno y a los estándares de calidad socialmente deseados (por ejemplo, los resultados de la gestión del agua o del suelo variarán de la noche al día con la legislación y la propiedad a la que estén sujetos). Aunque a veces la ignoren, los practicantes de la economía ambiental y de la economía ecológica suelen hacer uso de la economía institucional, acomodándola a sus propósitos.

 

Los enfoques indicados permiten abordar una misma realidad desde perspectivas diferentes, rompiendo el monopolio del razonamiento económico que venía ejerciendo el habitual reduccionismo monetario. Lo lógico sería que cooperaran entre ellos atendiendo a mi propuesta de enfoque ecointegrador para llevar, así, a la economía por el camino de la multidimesionalidad propia de la ciencia moderna. Pero lamentablemente los dogmatismos siguen imperando y queda mucho por hacer para que la idea tan asentada de el sistema económico acabe dando paso a una verdadera economía de los sistemas, en la que se desvanecería ese medio ambiente inestudiado ya que pasaría a formar parte de su objeto de estudio ordinario.

 

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Hay que advertir que el enfoque económico corriente, con su noción de sistema económico a la cabeza, deja también un medio ambiente social e, incluso, un medio ambiente financiero inestudiados. Precisamente por eso su capacidad de predicción e interpretación de la actual crisis económica falló estrepitosamente, teniendo que ser algunos economistas críticos los que hemos venido mostrando mayor capacidad de previsión y análisis, al utilizar enfoques más amplios y menos serviles a los poderes establecidos.

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Bibliografía básica

J.M.Naredo (2003), La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Siglo XXI, Madrid.

J.M.Naredo (2009), Luces en el laberinto. Autobiografía intelectual. Alternativas a la crisis, La Catarata, Madrid.

J.M.Naredo (2010), Raíces económicas del deterioro ecológico y social. Más allá de los dogmas, Siglo XXI, Madrid.

J.M.Naredo y A. Montiel  (2011) El modelo inmobiliario español y su culminación en el caso valenciano, Barcelona, Icaria.

 

Convocatoria:

Fecha:  Domingo 25 de septiembre

Hora: 16:00

Lugar: frente al Palacio de Cristal del parque del Retiro

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