Capitalismo y patriarcado: multiplicando desigualdades.

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Las discriminaciones y las desigualdades que sufren las mujeres en el mercado laboral, y que afectan a otras dimensiones de sus vidas y las de los hombres, se generan por una interacción perversa entre el capitalismo – como sistema económico de explotación – y el patriarcado – como sistema de dominación y opresión-.

Sombra aquí y sombra allá

En la actualidad, el empleo realizado por mujeres sigue entendiéndose como un complemento al masculino. Y está plagado de discriminaciones (directas e indirectas) que hay que desenmascarar, denunciar y combatir:

(1) La baja participación en el mercado laboral. Parece que no nos resulta conflictivo que las mujeres se hayan mantenido en bajísimas tasa de actividad desde que entraron – de forma masiva – al mercado de trabajo (una tasa del 52,26% frente al 68,08% de ellos en 2010). En gran parte esto es debido a qué se considera y reconoce como trabajo y a qué no, y, por tanto, a cómo se estipula quién es la población activa. Si no entras en sus estadísticas, te caes de ellas: amas de casa, trabajadoras sumergidas,…. Por eso las desigualdades respecto a la prestación por desempleo y otras percepciones del Estado (derechos derivados de la seguridad social: pensiones, incapacidades,…) también presentan grandes desequilibrios entre sexos.

(2) Las condiciones laborales y las modalidades contractuales rezuman sexismo: el 83% de las personas con contrato a tiempo parcial son mujeres; también son mayoría en los contratos temporales: la tasa de temporalidad, que ha repuntado en la situación económica actual ha aumentado entre las mujeres llegando al 26,2%, con una brecha de género de 2,6 puntos; persiste la brecha salarial, siendo la renta media de las mujeres un 15% menor a la de los hombres, en 2010, y cobrando hasta un 25% menos en el sector privado; la discriminación horizontal las mantiene en los sectores más precarios (1 de cada 7 mujeres está empleada en limpieza y servicios similares); la discriminación vertical impide ocupar mejores puestos (tan sólo el 33% de quienes dirigen empresas son mujeres, siendo en casi el 67% de los casos empresas donde no hay personal asalariado); el acoso sexual y de género pervive en silencio. ¿A qué mujer en una entrevista de trabajo no le han preguntado si tenía novio, si quería tener hijxs, si pensaba casarse? ¿Qué mujer no ha tenido miedo a perder el trabajo por quedarse embarazada, miedo a decírselo al jefe, miedo a que se le note el embarazo?

(3) Las más jóvenes y las más mayores tienen problemas específicos de desempleo. Abundan las jóvenes cosificadas en ciertos empleos por ser “reclamo sexual”, a pesar de su formación cada vez más cualificada. También hay mayores que, como resultado de una inestable vida laboral, perciben míseras pensiones: la pensión media contributiva de las mujeres es casi un 40% más baja que la de los hombres, y son mujeres el 70% de las receptoras de pensiones no contributivas (menos de 400€ al mes). Es decir, 1 de cada 4 mujeres mayores de 65 años está bajo el umbral de la pobreza. Si además de la edad, cruzamos su situación con el país de procedencia y la clase social, las desigualdades se multiplican: la situación de las empleadas del hogar es flagrante, y son migrantes el 50% de ellas, siendo ésta casi su única salida laboral. O a las transsexuales, ¿qué opción se les presenta? ¿Y por qué para muchas la elección se encuentra entre la prostitución y la miseria?

(4) Los subempleos, las condiciones de precariedad, a las que se enfrentan mayoritariamente las mujeres afectan a sus elecciones vitales. El estado civil y las responsabilidades de cuidados profundizan las desigualdades: ¿sabías que las mujeres emparejadas con criaturas dedican más horas de trabajo doméstico que las monomarentales r? Al día las mujeres dedican de media 3 horas y 40 minutos más que los hombres al trabajo doméstico.

(5) Los recortes y privatizaciones en servicios públicos y prestaciones afectan más a las mujeres porque suponen: a) un menor acceso a quienes tienen menores ingresos (mujeres) y, por tanto, una menor redistribución de la riqueza; b) un aumento en la carga de trabajo de las mujeres en los hogares (sin plazas en guarderías ni hospitales, son mujeres quienes asumen esos cuidados); c) una menor oferta de empleo público, sector donde las mujeres encuentran menores discriminaciones laborales.

Esta situación, así como las resistencias y las alternativas, deben combatirse desde una doble perspectiva, a corto y a largo plazo: 

En el mercado laboral actual

  • Fomentar desde la infancia la corresponsabilidad en el trabajo doméstico y de cuidados entre todxs lxs miembrxs de un hogar. Para ello es necesario que las jornadas laborales no dominen nuestro tiempo: pedimos una disminución de la jornada laboral sin pérdida de salario. Se requiere el compromiso firme de los hombres en compartir trabajos, así como aumentar los servicios públicos de cuidado.
  • El permiso de maternidad y de paternidad en cualquier empleo debe reemplazarse con otrx trabajador/a: queremos la sustitución obligatoria con los mismos derechos de la persona sustituida. Exigimos permisos de maternidad y paternidad iguales, intransferibles y obligatorios: estos permisos, por nacimiento, adopción, acogimiento y lactancia no deben ser por criatura, sino por padre o madre. Tanto padres como madres puedan, a la vez, deben poder disfrutar del cuidado de sus criaturas.
  • La participación de las mujeres en el trabajo debe visibilizarse: hay que mostrar las aportaciones de las mujeres a la riqueza y el bienestar de la vida, tanto en los trabajos remunerados como en los no remunerados. Si la tasa de participación femenina en el mercado laboral se equiparara a la masculina, el PIB de los países europeos se incrementaría en un 32%. Si se contabilizara el trabajo doméstico – en un 80% realizado por mujeres-, aumentaría en un 53%.
  • Queremos valorar y dignificar el empleo de hogar. ¡Basta de esclavitud!Exigimos que el trabajo doméstico y de cuidados sea tratado como tal. Abogamos por que termine la precariedad que sufren las personas cuidadoras ‘profesionalizadas’.

 Transformaciones sociales

  • La justicia social pasa por la solidaridad en el mercado laboral y en todos los trabajos, y por difundir conciencia: si nos tocan a una, nos tocan a todxs. Además requiere de una transformación económica a un modelo donde aumente el peso de la gestión comunitaria y del trabajo autogestionado.
  • Queremos La eliminación de los roles de género, y la transformación de los derechos y los condicionantes de género que configuran lo que es ser mujer y ser hombre en esta sociedad.
  • Exigimos una distribución de los tiempos guiada por las necesidades de las personas y los ritmos del planeta, y no por los del mercado. Un uso de los tiempos en el que no haya desequilibrios entre los géneros y para dedicar, a voluntad, a cualquier actividad humana.

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